Una semana para recordar: vuelta a mi pequeño reducto de sueños y visita al corazón del mundo maya…

Hola a todos. Tras unos días intensos, tomo el relevo de Carmen a la hora de contaros nuestras andanzas salvadoreñas.

Lo primero de todo es que nuestro principal objetivo aquí, la defensa del proyecto “Guardianes de Joya” sigue adelante. Esta semana pasada nos reunimos con la Secretaria de Cultura del país, y todo marcha bien. El problema es que por temas de confidencialidad tampoco podemos contar mucho más. La reunión, realizada en el Museo Nacional de Antropología David. J. Guzmán, fue buena y seguimos trabajando para llevarlo a buen puerto e intentando cerrar más reuniones antes de marcharnos la semana que viene (cómo pasa el tiempo…).

Me decía hoy mi amiga Karla que es muy difícil quedar con nosotros, que tenemos una agenda más ocupada que el mismísimo presidente. Y es que entre reuniones, excursiones, compromisos… apenas tenemos tiempo para poder atender a toda nuestra familia salvadoreña.

Y es que la semana que nos ha dejado ha sido bien intensa. El lunes, como evento más reseñable, celebramos una cena española. En agradecimiento a Mario y su familia, quienes nos han acogido durante estas dos primeras semanas, decidimos ponernos el delantal y cocinar. De menú, tortilla de patatas, jamón serrano y queso curado. Y la verdad es que podemos afirmar que no se quejaron en absoluto, así que tuvo que estar rica… jajaja.

Al día siguiente, martes, cumplí un sueño doble. Volví a pisar mi pequeño reducto de sueños, Cihuatán. Y encima lo hice con la persona que quiero. Enseñarle por qué fue importante para mi, describirle mi vida allí, que conociera a los trabajadores del parque, sentir esa magia que desprende cada rincón de esa antigua ciudad que me ha marcado para siempre…

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En “mi pirámide” con mi preciosa mujer

Acudimos a la cita con el Dr. Rodrigo Brito para visitar el parque. Nos acompañaron el Dr. Payés y mi compañero Edgar Cabrera, todos pertenecientes a la Fundación Nacional de Arqueología de El Salvador (FUNDAR) para la que trabajé durante mis cuatro años aquí. Os mentiría si dijera que iba tranquilo. Ese lugar ha sido muy importante para mi. Aprendí mucho allí, de arqueología y de la vida misma, me reencontré en un momento en el que no sabía si podía o no seguir adelante con la arqueología (hoy en día ya estoy preparado para continuar y acabar después de mucho trabajar en mi por mis miedos y problemas de juventud) y volví a Sevilla muy cambiado. Así que de la mano de Carmen nos dirigimos en coche por esa carretera Troncal del Norte tantas veces recorrida.

Cihuatán nos recibió como siempre, con calor y mucha humedad. Pronto me sentí cómodo, como en casa. Vi a Delmy como siempre en el cafetín, le enseñé el Museo de Sitio a Carmen, la habitación donde vivía, a mi cabeza vinieron cientos de recuerdos, me sentía como en casa. Tardamos poco tiempo en empezar a recorrer el yacimiento junto a nuestros anfitriones: el centro ceremonial, “mi pirámide”, el juego de pelota norte, el templo de Ehecatl, la P-9… y en esto nos encontramos a Pastor Gálvez. Tenía ganas de visitar Cihuatán, pero sobre todo quería verlo a él. Aprendí muchísimo de Pastor, tanto profesionalmente como humanamente, y por eso le estoy tremedamente agradecido. Me encantó abrazarme con él y hablar durante un buen rato. Edgar me puso al día de los nuevos trabajos que Fundar está realizando en el sitio y así transcurrió la mañana hasta la hora de comer, algo que hicimos donde tantas veces lo había hecho, en el porche de entrada de mi antigua casa. Menú: pollo campero. Y mucha conversación…

La idea sólo era visitar Cihuatán, pero al Dr. Brito se le ocurrió visitar Suchitoto. Un pueblo cercano, muy bonito, que conserva todavía cierto aire colonial y donde vivía un gran amigo suyo, ya fallecido, Alejandro Coto, un pro hombre de la cultura salvadoreña. Un sitio más en la lista de lo que quería que Carmen viera y así sucedió. Tras visitar el teatro que lleva su nombre y su casa-museo, donde está enterrado, volvimos a San Salvador. Un día de lo más completo y, personalmente, muy emotivo, por todo lo que supuso.

Al día siguiente, miércoles, teníamos reunión con Silvia Elena Regalado, Secretaria de Cultura del Gobierno de El Salvador, a la que asistió también la Arquitecta Irma Flores, Directora de Patrimonio de El Salvador. Y como os hemos dicho, salimos muy contentos de la misma. El resto, TOP SECRET.

El jueves no íbamos a hacer nada, sólo trabajar en la casa, pero recibimos la llamada del Dr. Payés. Nos invitaba a pasar el día visitando San Andrés, otro sitio arqueológico y dónde surgió la idea del proyecto educativo, y recorrer la Ruta de las Flores, conociendo Los Naranjos y Apaneca.  Fue un día delicioso, donde nos cayó un gran diluvio pero pudimos disfrutar de la agradable charla del Dr. Payés, así como de una rica parrillada. Además, en Apaneca, tuvo la oportunidad de probar por primera vez el café salvadoreño, eso sí, siento decirle a mis amigos amantes del café, que tuve que echarle como seis sobres pequeños de azúcar… Disculpad amigos pero mi paladar no está acostumbrado…

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Tras una vuelta a San Salvador marcada por un tráfico horrible, llegamos a “casa”. Esa misma noche nos íbamos al hogar familiar de nuestro amigo Chele ya que a las 4 de la mañana del viernes poníamos rumbo a la “París” del mundo maya, Copán (Honduras), un lugar que ya conocía, pero que quería enseñar a Carmen, y ya os digo, que quedó impresionada, o eso me dice… jajaja.

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Tras dormir un poquito y madrugar, salimos rumbo a Copán. Nos quedaban por delante cuatro horas de camino, y dos fronteras, la que une El Salvador y Guatemala, amén de la que une Guatemala y Honduras. Toda una odisea para llegar a ese pintoresco lugar llamado Copán Ruinas, donde nos alojaríamos durante el fin de semana. En principio la idea era que sólo fuéramos Chele, Cory, Carmen y yo, pero finalmente se sumaron a la excursión la mamá de Cory, así como su hermana, su novio y su sobrino. Una familia encantadora.

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El plantel de la expedición al completo en la plaza principal de Copán

Tras llegar al Hotel El Bosque, donde nos dormiríamos, empezamos nuestro tour. Primero visitamos el pueblo, ya que queríamos desayunar. Allí Carmen probó por primera vez las baleadas. Tortilla de maíz, rellena a modo de crépe, de frijol, quesillo y crema. Así es en su forma más tradicional, aunque puede rellenarse de huevo, aguacate, pollo, etc…

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Su primera baleada hondureña

Tras reponernos, llegaba nuestro primer destino: Macaw Mountain, o lo que es lo mismo, el Parque de las Guacamayas. No lo visité en mi anterior visita, pero tanto Carmen como yo quedamos impresionados. Es una institución que se encarga de recoger y cuidar a los animales autóctonos de la zona. Un lugar donde la naturaleza se muestra con gran esplendor, flores, un río de aguas frías que bordea el parque, tucanes, guacamayas y arañas, muchas arañas amenazantes.

Y allí tuve la oportunidad de fotografiarme con las “guaras”. Y he de deciros que me encantó. Mi cara lo reflejaba todo. Eso sí, el objetivo de Carmen estaba presto para capturar ese momento…

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Posteriormente, pusimos rumbo al Museo de las Esculturas, dentro del Parque Arqueológico. La visita a la ciudad la dejaríamos para el día siguiente. Dentro de este museo se encuentran la mayor parte de las esculturas y fachadas monumentales de la ciudad de los murciélagos, ya que las piedras usadas se erosionan con facilidad, y de este modo están más protegidas de la intemperie. El acceso al museo se realiza a través de un túnel que simula la entrada a Xibalbá, el inframundo maya.

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En su interior, nos recibió Rosalila. Para que lo entendáis bien, Rosalila es un templo que se encuentra dentro de otro templo. En lugar de destruirlo para hacer uno nuevo, debido a su carácter sagrado, se mantuvo intacto bajo el actual templo. A modo de muñeca matrioshka.

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Como podéis comprobar, es impresionante. La reproducción es a tamaño real y los colores son los que originalmente tuvo el templo. Una auténtica maravilla si tenemos en cuenta que lo dejaron totalmente intacto. El resto de las piezas son espectaculares: esculturas de los gobernantes de Copán, entre ellos el más famoso, 18 Conejo, el altar Q, la fachada del Popol Nah o Casa del Pueblo, marcadores del Juego de Pelota, etc.

Tras un intento frustado para visitar Las Sepulturas y Rastrojón, otros dos yacimientos, pusimos rumbo al hotel para descansar y posteriormente ir a cenar. Copán Ruinas es un pueblo muy animado los fines de semana debido al turismo. Si a eso le añadimos que coincidía con la celebración de la Independencia de los países centroamericanos con respecto a España, el pueblo estaba de lo más concurrido. Comimos en la calle, pinchos de cerdo y los mejores tacos que he probado en mi vida. De hecho, el lema del cocinero y dueño era “Si no te gustan, no pagas”…

Como podréis imaginar, el día fue muy largo, y acabamos rendidos. Ayudó también el poder ducharnos con agua caliente, algo que no todos tienen en estos lares. Al día siguiente nos esperaba una de las ciudad más importante del período Clásico Maya, fundada por K’inich Yax K’uk’ Mo’, y que llegó a su máximo esplendor gracias a Uaxaclajuun Ub’aah K’awill, más conocido como 18 Conejo, quien la convirtió en una ciudad donde prosperaron todo tipo de artes y conocimientos. Lógicamente hablo de Copán.

Estaba deseando que Carmen conociera este lugar. Como muchas personas, no están acostumbrados a sitios así, a una arquitectura tan monumental. Pensamos en Roma, pero hubo más que Imperio en el mundo… Y sabía que ella lo apreciaría y disfrutaría. Y verdaderamente mereció la pena. Su cara lo decía todo, y es que es algo digno de ver. Los numerosos templos, la Plaza de los Jaguares, las estelas de los gobernantes, sobre todo de 18 Conejo, los numerosos altares, la Plaza de las Estelas, el Templo de los Reyes, el Juego de Pelota y sobre todo, la Escalera Jeroglífica, donde cada escalón está compuesto por glifos y que nos cuentan la historia copaneca, aunque eso sí, seguimos esperando a poder descifrarlo, porque no conocemos gran parte del significado de los gligos mayas. Carmen como os comentó salió impresionada, pero estoy seguro de que lo que realmente le impresionó, como me pasó a mi, fue situarse en el centro de la plaza principal, encima de una de las pirámides, y contemplar como bandadas de guacamayas multicolores volaban sobre su cabeza llenando de color y sonidos el cielo maya de Copán. Estoy seguro de que nunca lo olvidará…

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Una vez terminada la visita, rumbo al pueblo para recuperar fuerzas. Allí probamos los anafres. Una especie de fondue de frijol con quesillo. La verdad es que estaba espectacular. También probamos un ingente burrito pero no fuimos capaces de terminarlo. Una bestialidad…

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Asombrados por el tamaño del anafre

Tras el almuerzo, nuevo intento para visitar Las Sepulturas, pero llegamos tarde. Lo intentamos con Rastrojón, Y a pesar de estar cerrando, pudimos entrar. Y realmente me impresionó. En Rastrojón los antiguos Mayas construyeron dos impresionantes grupos arquitectónicos de residencias. Uno de ellos ha estado en continua investigación desde su descubrimiento. Posee edificios con habitaciones construidas con bloques de piedra. Parte de la decoración eran bancas recubiertas con estuco y finamente esculpidos sus exteriores. Las investigaciones revelan que este complejo presenta colapsos arquitectónicos nunca antes vistos en todo el Valle de Copán. Esto es debido a que el Parque Arqueologico Rastrojón está construido en las faldas de un cerro con terreno altamente inestable y fallas geológicas. Los investigadores creen que los mayas sabían del peligro que corrían sus edificaciones allí, pero debido al significado religioso del lugar, su altura y los manantiales de agua que poseía quizás los haya motivado más a construir en este lugar.

Aunque la mayor parte de monumentos arquitectónicos del Parque Arqueologico Rastrojón están destruidos, el sitio es único e importante en el Valle de Copán por su excelente ubicación y por todo el material arqueológico encontrado como edificios, esculturas, lanzas, puntas de flechas y un impresionante templo que se cree fue construido en honor del duodécimo Gobernante Maya “Humo Jaguar” uno de los principales gobernantes de Copán.

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Para ver Las Sepulturas sólo quedaba esperar al día siguiente para, antes de marcharnos, visitar el lugar. Esa tarde la aprovechamos para pasear y buscar algún recuerdo. Además, probamos las lichas. En España lo conocemos como lichi, y solemos tomarlo en almíbar, o en los restaurantes chinos, pero aquí son tal cual veis en la foto. Están buenísimos, pero comí demasiados y eso me pasó factura por la noche…

Llegó el domingo y tras madrugar y desayunar, Carmen, porque yo no me encontraba muy “catódico” para comer, pusimos esta vez sí, rumbo a las Sepulturas. A pesar del nombre no se trata de una necrópolis, eso sí, se encontraron muchos enterramientos ya que los mayas enterraban a sus familiares en las mismas casas. En realidad se trata de una zona residencial de la alta nobleza. Allí vivían entre otros, astrónomos, escribanos etc… Todos en casas ordenadas alredededor de una pequeña plaza que servía de patio comunal de cada una de ellas. Ya conocía el lugar, pero no dejaba de ser espectacular.

Tras visitarlo y hacer unas últimas compras, rumbo de nuevo a El Salvador. Tras otras cuatro horas de viaje y paso de varias fronteras, llegamos de nuevo a “casa”. A pesar del cansancio, nuestra cabeza y nuestro corazón se llenaron de recuerdos que estoy seguro que no olvidaremos. Poder enseñarle a Carmen estos sitios y verle los ojos brillar por lo que ve, asombrada, y ver su preciosa sonrisa de satisfacción y felicidad, no tiene precio…

Pronto…más aventuras!

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El heroico Occidente, comiendo dentro de un volcán y una de vaqueros… (by Carmen)

Muy buenas!

El último post lo dejamos en la madrugada del día 7. La día de los farolitos de Ahuachapán… que no pudimos visitar… la fatídica noche del terremoto de México que no notamos pero del que nos enteramos por amigos y familiares desde España, preocupados por la alerta de tsunami. La noche en la que creía que no sobreviviría. Aunque para nosotros pueda parecer peligroso aquí no quita el sueño a nadie. El Salvador es un país que ha vivido muchas catástrofes naturales y bromean constantemente con ello y no parece preocuparle lo más mínimo ni terremotos, ni tsunamis, ni huracanes Irma ni Katia ni los volcanes activos… tan tranquilos están todos que me contagian de tranquilidad. Cuando les he expresado mi preocupación por el huracán Katia en México, ya que a la vuelta hacemos escala allí, se ríen y bromean diciendo que de aquí a mi vuelta habrán pasado tres huracanes más y que el Katia no debe preocuparme…

Al día siguiente a la alerta de tsunami por el terremoto de México todos fueron a sus trabajos como si aquí no hubiera pasado nada. Así que tan normales nos fuimos con nuestras amigas Mariale y Ana a visitar lo que conocen como Occidente, la zona más cercana a Guatemala, nuestro primer destino sería Santa Ana.

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Con Mariale y Ana frente a la Catedral de Santa Ana

Esta ciudad posee una gran influencia europea. Debido en gran parte al apogeo económico en la época de máximo esplendor, en gran medida por el cultivo del café, llenaron sus calles de edificios a la manera europea. Visitamos la Catedral neogótica y el Teatro. Edificios preciosos y muy bien conservados. El techo del teatro poseía pinturas de los más famosos músicos europeos, suelos espectaculares y ventanas con preciosos vidrios. Además de todo esto tuvimos la suerte de visitar la casa de la abuela de Mariale y Ana, una señora estupenda de 92 años que vive en una casa tradicional preciosa con un patio colorido, lleno de vegetación y paredes de colores. Aproveché también para tomar fotos de las fachadas coloridas y con rejas curiosas que veíamos mientras paseábamos.

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Tras la visita a Santa Ana nos dirigimos al Lago de Coatepeque, situado en el interior del cráter de un volcán. Me sorprendió lo grande que era y las vistas tan agradables que podíamos contemplar. Comimos en La Pampa, un sitio espectacular con vistas maravillosas, disfrutando de buena comida y compañía. Tras el almuerzo queríamos visitar la capilla Cardedeu una construcción contemporánea preciosa que tenía ganas de visitar pero me tuve que conformar con ver y fotografiar desde fuera ya que estaban preparándola para un evento y no nos dejaron entrar.

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Lago de Coatepeque

Volvimos a San Salvador por la carretera Panamericana que atraviesa América de punta a punta. A la entrada de San Salvador nos “agarró una gran trabazón” es decir, que pillamos atasco. Aquí aunque sea de habla hispana me ha sorprendido lo difícil que es entenderse ya que usan una gran cantidad de palabras y expresiones que no entendía y voy anotando en un diccionario. Algunas expresiones muy típicas es: “qué chivo!” o “qué vergón!” cuando es algo muy bueno o chulo. “Qué cerote!” o “dundo” cuando es un insulto como tonto o cabrón. El “baúl” es el maletero del coche, el coche es “carro”, beber es “chupar” y se va a “chupaderos”, “tener pena” aquí es tener vergüenza, “maje” es un tío, “manejar” es conducir, “chero” es amigo, yo aquí soy “chela colocha” por ser de piel clara y pelo rizado y “puchica!” (joder o corcholis) y “cabal!” (claro, por supuesto) lo tienen todo el día en la boca. “Chambrear”, ser un “meque”, “guanaco”, “halar”, “cipote”, “cuadra”, “camarón”, “parquear”, “dar weva”, “redondel”, “cachimbón”, “virar”, “piñata”, etc… Y así infinidad de expresiones que empiezo a utilizar para hacerme entender.

A la vuelta a San Salvador quedamos con Mario y Karly y cenamos en Wendy’s, una hamburguesería, donde Ale y Mario se conocieron hace nueve años.

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Al día siguiente, sábado 9, nos levantamos y fuimos a desayunar al volcán de San Salvador con Rocío, Mario y Karly.

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Con Rocío en el Boquerón

Las vistas eran impresionantes aun con niebla, todo lleno de vegetación, con vistas a San Salvador, y de desayunar… pupusas gigantes (no conseguí comérmelas totalmente) y con una gran copa de horchata de morro. Aquí hay infinidad de bebidas, una de ellas la horchata está hecha de morro un fruto de aquí. Deliciosa horchata, me encantó. Hasta ahora he probado los jugos, los frozen, las minutas, las cebadas, los licuados, las horchatas, refresco de chan, y hay infinidad de bebidas más, todas ríquisimas. Tras el desayuno decidimos subir un poco más arriba, donde nos disfrazamos con la ropa típica y subimos a ver el Boquerón, el cráter del volcán. El lugar era precioso con escaleras de madera rodeado de frondosa vegetación. Nos explicaron cómo hay épocas en las que la tierra emana azufre y desprende calor. Aquí en el Salvador hay muchos volcanes activos.

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Tras visitar el volcán, Karla nos recogió y nos dirigimos a Ahuachapán, región fronteriza con Guatemala. Paramos en Tazumal, el sitio arqueologico con una de las pirámides más grandes de El Salvador. Comimos en un puesto a la entrada yuca con chicharrón con fresco de Chán, todo riquísimo. Entramos a ver el yacimiento con las estructuras denominadas B1-1 y B1-2. Paseamos por todo aquello rodeado de “zacate” (césped) y vegetación y viendo aquellos restos tan diferentes a los que estoy acostumbrada a ver, de época maya y olmeca.

Tras la visita fuimos a Ahuachapán a conocer a la familia de Karla, muy agradable y amable con nosotros. Visitamos el pueblo, probé la minuta (hielo picado con jarabe de piña y tamarindo con leche y jalea, en mi caso, de jarabe de mora y durazno Ale y de cebada rosa Karla), la yuca frita y las tartaletas con dulce de leche. Visitamos la iglesia y la plaza llena de vida y algún resto de farolito de las fiestas. Cenamos pupusas de la abuela de Karla riquísimas y disfrutamos de una cena familiar muy agradable.

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El domingo día 10 despertamos en Ahuachapán y desayunamos con la familia de Karla. Además del desayuno tipico de huevos revueltos con frijol rojo y arroz (en esta región lo llaman casamiento), tomamos cebada (es como un batido de fresa pero hecho con la cebada y tiene color rosa) y pasteles típicos: quesadillas y empanadas. Nos llevaron en coche a un sitio donde quedamos con Mario, pasando por Ataco (un pueblo muy pintoreco con fachadas pintadas con murales coloridos y tiendas) y Apaneca. El padre de Karla nos compró jocotes de corona, una fruta riquísima que no se parece a ninguna otra que conozcamos en España y que jamás haya probado. Aquí además de la multitud de bebidas, me sorprende la cantidad de frutas: ya he probado el mamei (por fuera parece entre coco y kiwi de color marrón, por dentro amarillo y parecido al melocotón) y el jocote, y no he probado aun la anona (parecido al chirimoya), la pitahaya (fruta de color rosa por fuera), la carambola (en forma de estrella), el durazno (parecido al albaricoque) y mil más.

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Al final quedamos con Mario y Karly. Nos dirigimos a Juayúa, donde ibamos a pasar el día en una reserva con caballos y actividades recreativas. Dimos un relajante paseo a caballo por montañas de cafetales y vistas espectaculares con niebla tropical. Las montañas parecían tener dibujos de retículas y texturas por las plantaciones de árboles “rompevientos” (para evitar que el viento afecte al cafetal) y otros para dar sombra a las plantaciones de cafe (otras veces para el cacao). Almorzamos, y sobre todo me gustó la salsa de café que acompañaba al plato de carne que pidió Ale. Descansamos después de comer en unas hamacas y hasta dormimos siesta.

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Empezó a llover y decidimos volver. La primera parte del viaje de vuelta diluvio y la carretera estaba inundada en algunos puntos. Aquí el tiempo es bipolar, y lo mismo hace muchísimo calor y pasean a una temperatura similar a una tarde de agosto en Sevilla, que lo mismo empieza a diluviar y todo parece inundarse. Como ya dije, aquí todos están acostumbrados a esto y ni huracanes, ni terremotos, ni diluvios, ni volcanes y fumarolas parecen preocupar a los Guanacos (salvadoreños).

Una vez en San Salvador decidimos comprar algo de fruta autóctona para poder probar la mayor variedad de frutas que podamos… porque son tantas…

Como veréis un fin de semana de lo más completo… Empieza nuestra segunda semana aquí y se presenta interesante: reuniones, visita a Cihuatán (donde trabajó Ale), más reencuentros con sus amigos y como colofón, visita a la urbe maya de Copán (Honduras). Pero todo eso, como siempre decimos, es otra historia…

Un abrazo a todos!

El día en el que Carmen sintió el Pacífico, Alejandro cabalgó sobre las olas, la tierra tembló y otros cuentos…

Hola a todos y disculpad que os tengamos algo abandonados. Estamos en muchas cosas y llegamos a casa muertos, y apenas nos quedan fuerzas para escribir, pero como sabemos que nos estáis esperando ahí van algunas de nuestras aventuras y desventuras por tierras salvadoreñas.

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Carmen y Karly

Lo primero de todo es agradecer la hospitalidad de todos nuestros amigos. Nos acogen en sus casas y nos sentimos en las nuestras gracias a ellos. Esta semana le damos las gracias a mi hermano Mario, a su familia y a Karly, su novia, todo un descubrimiento. No la conocíamos y nos hemos enamorado de ella y su forma de ser. Una más en la familia. Además, tuvimos la oportunidad de conocer a sus padres, encantadores ellos, quienes nos recibieron de maravilla en su casa.

Después de unos días de reencuentros, esta semana quedamos para ver a nuestro amigo Herbert Erquicia, director del Museo Nacional de Antropología de El Salvador, un gran profesional y una persona maravillosa, quien nos invitó a saborear los “platillos” de Green House. Carmen se quedó maravillada del interior del lugar y de su precioso patio, y aprovechó para hacer fotos de las suyas mientras nuestro anfitrión y yo nos poníamos al día después de varios años. Aparte de la compañía, lo mejor de todo fue el “watermelon mojito”, madre mía que manjar!!!

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Estos días están dando para mucho. Una reunión del proyecto con muy buena pinta, reencuentros con compañeras que estuvieron en Sevilla no hace mucho, como Ninel, rotura de zapatos de Carmen y nuevas experiencias debido a esto último. Entre que tuvimos que quedarnos en un centro comercial, que yo pensé que podía solicitar un coche a Über (nos estamos moviendo con ellos por la ciudad) y que no tenía datos ya para poder hacerlo, nos vimos obligados a tomar el bus…y qué bus! Eso sí, llegamos sanos y salvos al museo.

Aprovechamos también para visitar el Museo Marte (Museo de Arte Contemporáneo) y comer comida colombiana en unos food trucks que se encontraban frente a él.  El Marte pasa por ser uno de los mejores museos de la región en su estilo, y allí que nos fuimos a disfrutar de obras como las de Salvador Llort, José Mejía Vides o Rosa Mena Valenzuela. Interesante es también el Monumento a la Revolución quien da la bienvenida a los visitantes. Eso sí, tras la rica comida, como siempre esta semana, lluvia a media tarde…

El jueves, ante la imposibilidad de ir a Cihuatán por compromisos familiares de mi anterior jefe, el Dr. Rodrigo Brito, surgió la posibilidad de ir a la costa, entre otras cosas, para aprender a hacer surf.

El día tenía varios alicientes. Por un lado, Carmen nunca se había bañado en el “pacífico” mar, compartir ese día con mi amigo Chele, quien posee una clínica veterinaria en el Puerto de la Libertad y quien nos hospedó en su casa la noche previa a la visita playera, y por supuesto, probar eso del surf. ¡Vayamos por partes!

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Mi Carmen descubrió que el Pacífico, de pacífico, tiene poco. La fuerza de las olas es considerable, y si a eso le añadimos que suelen tener una altura un poquito diferente a las de la costa atlántica andaluza, pues la aventura está servida. Eso só, por primera vez vi a Carmen entrar del tirón al agua, y es que la temperatura que tiene es exquisita y eso de pensar “la madre que parió al agüita” aquí no tiene cabida. Estuvimos en el Sunzal primero, para después ir al Tunco. Los atardeceres en esas playas son maravillosos y en entorno, espectacular…

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Nada más llegar al Sunzal, lo primero que hicimos fue ir a clase. Chele me había preparado una clase de una hora con un instructor de surf. Así que cogimos la tabla, unas nociones básicas de cómo pararme encima de la tabla y vámonos que nos vamos al agua… Tras tres intentos fallidos, llegó el éxtasis. Alejandro cabalgó una ola… Menuda sensación esa. No sé, difícil de explicar. Y encima, siendo jaleado por otros “novatos” que aún no habían logrado hacerlo. Fue un subidón de adrenalina increíble, y repetí cabalgada al menos cinco veces más. Eso sí, acabé KO… He aquí el momentazo!

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Sí, soy yo…

Nunca olvidaré este día. Alejandro en modo pro, surfeando en una de las mejores playas del continente para hacer surf. Gracias Chele!!

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Tras el ejercicio tocaba recuperar fuerzas, y qué mejor que hacerlo en el Kayu. Desayuno tradicional y energías recuperadas antes de bañarnos en el no tan pacífico Pacífico. Chele tuvo que ausentarse por motivos laborales y allí que nos quedamos Carmen y yo para disfrutar del agua, con una temperatura increíble. Y así transcurrió la mañana y parte de la tarde…

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Y luego pasó lo que pasó… Acabamos rendidos de tanto surf y tanta ola (la fuerza es considerable). Chele pasó a por nosotros, y después de comer algo, subimos de nuevo a San Salvador. Mario nos recogió en casa de Chele y volvimos a su casa. Un sandwich y a la cama.

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Mientras estábamos fritos, el teléfono empezó a sonar. No paraba. Sólo yo me desperté. Empecé a ver mensajes en el móvil y me enteré de que había temblado la tierra. Al parecer fuerte y largo, pero debemos reconocer que por suerte no nos enteramos de lo cansados que estábamos. Carmen se despertó y bueno, era una situación nueva para ella y lógicamente se preocupó y mucho. Entre todos intentamos relajarla haciéndole ver que no iba a pasar nada. Ni siquiera la alerta del tsunami nos afectaba ya que estábamos a 50 km de la costa y a 600 metros de altitud. Intentamos tranquilizar a nuestras familias y volver a dormir, cosa que aunque resultara difícil, al final conseguimos… El terremoto si bien se sintió duro aquí, por suerte no ocasionó ningún desperfecto ni se contaron víctimas, al contrario que en México. Esto se llama el Valle de las Hamacas por algo…

Y así transcurrió todo. Podéis estar tranquilos.

Al día siguiente tocaba ir a Santa Ana y a Coatepeque, acompañados de Mariale y Ana. Pero eso, ya es otra historia… Hasta pronto!!!

De saetas y bajadas al infierno…

Estamos a punto de empezar una semana importante para el proyecto “Guardianes de Joya”. Mañana y pasado tenemos dos reuniones, con el Ministerio de Relaciones Exteriores y con la Directora de Patrimonio Cultural y Natural del Gobierno Salvadoreño. Veremos cómo se desarrolla todo, pero hasta la confirmación del Ministerio de Turismo (Mitur) de una entrevista, estas dos y la próxima del día 13 con la Secretaria de Cultura, determinará en buena parte la consecución o no de nuestros objetivos.

Mientras tanto, terminó nuestro primer fin de semana en este pequeño gran país. Ayer bajamos al Puerto de la Libertad. Situado a 30 minutos de la capital, es la zona costera más cercana a San Salvador. A media mañana allí que nos dirigimos acompañados de Mario, Silvia y Javier.

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Muelle de pesca tradicional del Puerto de la Libertad y en primer plano, pescado secándose

Fue bajar del coche y… zas! en toda la boca! Habíamos llegado al hogar del mismísimo Satanás, el Diablo, Belcebú o como se llame. Tremendo el calor y tremenda la humedad. Si a eso, le añadimos el olor del pescado y el marisco que nos rodeaba, todo muy bonito…

Pero la verdad es que el sitio es concurrido, animado. Todo lleno de vendedores de minutas (una especie de granizada a la que se le añade sirope, frutas, leche condensada etc.), puestos de comida, restaurantes, venta de artesanía… y grupos tocando por algunas monedas, salsa, cumbia o rancheras.

Llegamos a la hora del almuerzo y allá que nos fuimos a llenar el estómago. Aquí cuando pides un plato de lo que sea, carne o pescado, viene bien servido y muy bien acompañado. Así que difícilmente te quedas con hambre. Para muestra un botón. Tenía ganas de carne (sí, es un pecado estar en la costa y no comer pescado o ceviche) y trajeron esto…

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Todo muy cromático, todo exquisito. El de Carmen tampoco se quedaba corto (esta vez su “no voy a poder con esto” se cumplió, algo que era normal viendo el plato) pero lo que realmente nos llegó al alma, al menos a mi, fue mi feliz reencuentro con mi añorado frozen de sandía… Carmen me copió la idea y se pidió otro de piña. Nuestras caras eran totalmente opuestas. Mientras yo le cantaba una saeta en el Postigo, Carmen se planteaba si sería capaz de tomarse todo ese manjar (nótese que debido al ángulo desde el que está tomada la foto, parece más grande que ella…). ¿Veis qué pinta tienen? Pues sabe igual o mejor, jajajaja.

Nuestros anfitriones fueron consecuentes con el sitio y pidieron pescado. Sobre todo Mario, con su cóctel de conchas bailarinas. Y digo bailarinas porque fue sentir el limón y empezaron a bailar el “des-pa-ci-to”. Esto se debe a que no estaban frescas, estaban fresquísimas. Pero como que no. No íbamos a tomarnos eso… a pesar de la insistencia de mi hermano salvadoreño y su “está riquísimo“…

Tras el almuerzo, intento de paseo para bajar la comida pero era imposible. El calor iba en aumento y pensamos que mejor estar dentro del coche con su aire acondicionado, que fuera sintiendo como nuestra piel se iba quemando…

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Decidimos volver a casa y descansar, ya que más tarde habíamos quedado con otro gran amigo, Chele, además de con Cory, su novia,a la que no conocíamos. El reencuentro fue espectacular. Es increíble encontrarte con personas a las que no ves en seis años y parecer que no ha pasado el tiempo. Las conversaciones fluyen, las risas se multiplican y la felicidad de estar rodeado de gente a la que quieres se magnifica. Increíble… Pronto volveremos a verlos, y realizaremos un viaje juntos, destino Copán, la gran ciudad maya. Pero lo mejor de todo es poder compartirlo con Carmen. Poder ver lo cómoda que está, escuchar su risa (esa risa que me enamora) y como se integra con todo el mundo. Como me dijo posteriormente Chele, “una más para la familia“. Eso amigos mios, no tiene precio, y es nuevo para mi, porque siempre había venido solo. Y merece la pena.

Y para finalizar la noche…

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Lo que estáis viendo. Conduje por primera vez en San Salvador. Cortesía de Mario. La cara no era de velocidad, iba despacito, era por la emoción o el miedo…aún no lo sé…

Pronto, más aventuras o desventuras…

Un viaje interminable, un ansiado reencuentro y una historia de pupusas (parte II: Carmen)

Hola a todos!

Aunque Ale ya ha contado lo principal de lo que pasós ayer me gustaría contar mis primeras impresiones por tierras salvadoreñas. Por orden cronologico me gustaría comentar nuestra visita a la Iglesia de Sagrado Corazón, así como otras percepciones arquitectónica y urbanísticas (por deformación profesional es en lo que me fijo más cuando llego a un nuevo lugar). La iglesia, aunque de apariencia similar a las iglesias europeas y españolas, me llamó la atención porque su fachada era de chapa y madera a diferencia de la piedra masiva a la que estoy acostumbrada. Por dentro un suelo hidráulico precioso y unas cerchas de madera impresionantes. Lo más curioso es que Mario nos contó como la gente devota graba placas de agradecimiento en los altares laterales al cumplimiento de sus peticiones a Dios y milagros. Estas se esparcen aleatoriamente, pero un altar de ellos, el dedicado a San Judas Tadeo, que es por lo visto muy venerado como símbolo de los miserables y los casos perdidos, estaba repleto de placas e impresionaba

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Con respecto a la arquitectura doméstica, las fachadas son humildes y todas tienen alambrada y alambre de espino, algunas fachadas de color y rejas curiosas.

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Cosas curiosas que veo diferentes aquí:

  • La gente se saluda con un solo beso, cosa de la que no me advirtió Ale, con lo cual los primeros saludos fueron bastante ridículos ya que yo intentaba dar el segundo beso de rigor y me quedaba totalmente cortada… aunque después de saludar a 20 personas y sabiendo ya la costumbre me cuesta no dar el segundo beso al saludar.
  • Las calles tienen mucha pendiente incluso, subimos una con una pendiente muy marcada.
  • Aquí lo que me ha sorprendido de la gastronomía salvadoreña es la cantidad de jugos (zumos) y licuados (batidos) de frutas naturales de sabores ríquisimos y colores llamativos. Incluso en el almuerzo la camarera nos enseñó un carrito de ellos al llegar.
  • Hay muchos guardias de seguridad privados y por lo visto son más numerosos que los soldados del ejercito salvadoreño.
  • En las intersecciones de las calles, el semáforo está al otro lado del cruce, con lo cual si no paras a tiempo a 10-20 m antes del semáforo, todos los coches se chocarían.
  • Fuimos a ver un partido de fútbol en el que jugaba Mario y, eso si el fútbol no cambia en ningún sitio, todos se insultan de broma y se matan por la pelota, eso sí… los insultos cambian a… “putasss, pero daleeee… culero…”. Me contaron que aquí hay muchas chicas que juegan al futbol y vimos muchas espectadoras femeninas que se dejaban la garganta animando a los jugadores, mucho más que otros… incluso las niñas pequeñas jugaban con gran afición mientras los mayores veían el partido.

Y por fin, por la noche… el momento más ansiado… la primera degustación de pupusas… ricas, muy ricas… pero quizás me gustó más aún la gran copa de licuado de fresa. Aquí, en cada comida digo… “uy no podré con tanto…” y al final… Pero es que todo está todo muy rico, jajajaja.

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Hoy también probé el frijol (que creía que no me gustaba por el que había probado en España, pero que por lo visto es el frijol negro y es diferente al que he probado aquí que en cambio me gusta) y el plátano frito… delicioso.

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Aún creo que no me he hecho el cuerpo al cambio horario porque ayer a las 6 de la tarde moría de sueño y a las 6 de la mañana no he podido dormir más.

Seguiremos contando….

Un viaje interminable, un ansiado reencuentro y una historia de pupusas… (parte I: Ale)

Hola a todos! Este es nuestro primer post desde tierras salvadoreñas. Recién levantados a horas en las que normalmente estaríamos en manos de Morfeo (cosas del jet lag) le he comentado a Carmen, “¿y si escribimos?”, y como quien no quiere la cosa aquí le estamos dando al teclado para contaros las primeras horas de nuestra aventura.

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Ha sido un largo viaje, bastante largo, pero de momento ha merecido la pena (yo qué os voy a decir…). La primera etapa fue Madrid, donde nos esperaban Elisa, David y su gato Federico. Gracias a su hospitalidad pudimos descansar unas horas antes de empezar a volar. Tras una deliciosa cena, tanto por lo que comimos (comida venezolana) como por la maravillosa compañía y la muy interesante conversación, nos plantamos en Barajas con la sensación de ser afortunados por tener amigos asi.

A las cinco de la mañana ya nos encontrábamos en el aeropuerto para comenzar el baile de aviones. Primer paso, plastificar maletas y la primera en la frente, maleta rota. El viaje empezaba bien… Barajas estaba en ebullición a pesar de la hora pero pudimos facturar fácilmente y cruzar los dedos para que no perdieran ninguno de nuestros equipajes. Nuestra primer etapa tenía como destino Amsterdam y allí que nos fuimos. Tres horitas después, el saaaaaaaaaaaaaaaaalto más largo, 10 horas y 45 minutos hacia Panamá…

Un viaje de lo más tranquilo pero eso sí, qué largo por favor! Menos mal que el avión de KLM estaba nuevecito e incluía pantalla individual en cada asiento, con lo que tuvimos una larga sesión cinematográfica (hasta cuatro películas) para hacer más llevadero el “trip”. Carmen pudo descansar algo pero el que os escribe, no pegó ojo…

A las 17.00 (hora salvadoreña) nos recibía la ciudad del Canal. Imagináos cómo estaban nuestros cuerpos serranos… Tocaba esperar tres horas más para enlazar con el último vuelo que nos llevaría al Pulgarcito. Y el cansancio hacía mella…

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Pero el objetivo estaba a la vuelta de la esquina. A menos de dos horas e intentábamos no rendirnos.

A las 22.15 tocamos tierra salvadoreña. Por fin, después de seis años, volvía a uno de mis lugares favoritos del planeta, donde he sido tantas veces feliz, y donde me reencontraría con mis amigos, mi familia salvadoreña, y encima acompañado de mi Carmen. ¿Qué más podía pedir?

Pero no todo iba a ser fácil. Una hora tardamos en salir del Aeropuerto Monseñor Romero. Debido a las remodelaciones que le están haciendo, todo es un poco más caótico de lo normal. Y tras una larga espera para mostrar el pasaporte, teníamos que hacer cola para pasar la aduana.

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Una vez fuera, pude decirle a Carmen, “cariño, bienvenida a casa”, tal y como conté en el anterior post. Fuera, nos esperaba Mario, mi hermano salvadoreño, acompañado de Javier, otro amigo. Fue increíble ese momento del reencuentro, después de tanto tiempo. Y poder presentarle a Carmen, fue otro gran momento para mi.

A las 12 de la noche, llegamos a San Salvador y tras acomodarnos, imaginad que hicimos… exacto, ¡dormir! El viaje había sido largo y estábamos agotados. Pensaréis que dormiríamos mucho. Pues no. Cinco horas después estábamos despiertos y con ganas de empezar la aventura.

Nuestro primer destino, la UTEC, la Universidad Tecnológica de El Salvador. Allí nos esperaba mi amiga Karla y Herbert Erquicia, amigo y director del Muna (Museo Nacional de Antropología), a quien íbamos a dar una sorpresa. El momento del reencuentro fue genial. Como si no hubiera pasado el tiempo. Para no entretenerlos en sus quehaceres laborales, nos despedimos hasta el almuerzo, y nos acercamos hasta la Iglesia del Sagrado Corazón, pero todo eso os lo contará Carmen después de todo esto, que para eso es la reportera gráfica del proyecto.

Almuerzo mexicano, con la visita de mi compañera de proyecto Michelle, sobremesa deliciosa con muchas risas y posterior descanso previo a un gran momento del viaje, la primera pupusa de Carmen, pero eso, ya es cosa de ella.

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De izq. a dcha: Karly, Mario, Michelle, Karla y los sevillanos…

 

 

Comienza la aventura…(by Carmen)

Hola, soy Carmen y respondo por alusiones. Primero gracias Ale por tus palabras tan emotivas y por invitarme a compartir contigo esta experiencia y aventura. Es la primera vez en mi vida que he decidido no planificar un viaje y darle la oportunidad a la vida de sorprenderme y darme la oportunidad a mí misma de dejarme sorprender.

Hoy comienza la aventura, una aventura a la q me uni cómo quien no quiere la cosa en cuanto Ale me lo planteó. Una oportunidad así no se puede dejar escapar por muchos aviones que se tengan q coger…y a trabajar también si hace falta. El proyecto de Guardianes de Joya me entusiasmo desde el principio. Me apunté a todo esto sin plantearme mucho…y aquí estoy…montada ya en el AVE a Madrid sin haberme hecho mucho a la idea. Este curso y verano (como siempre) he estado ocupada mañana y tarde en mis rutinas insufribles de trabajo y estudio.

Además en nuestro viaje dependemos de la generosidad de nuestros anfitriones salvadoreños con lo cual no planearemos casi nada hasta que nos alojemos allí. Además por lo que voy conociendo de la cultura salvadoreña la expresión “al suave…” (Algo así como “eiiii, tranquilo”) es una sana filosofía de la que me a venir bien empaparme. Por todo ello he decidido dejar de intentar controlar tiempo y espacio y no sé aún fechas y lugares donde estaremos el próximo mes. Aunque no hemos programado mucho sí que hay un viaje a Copán (Honduras) esperándonos y algún que otro preparativo hemos realizado. Como por ejemplo la infinidad de horas que hemos pasado Ale y yo pintando piedras pisapapeles con glifos y nahuales mayas para conseguir financiar parte del viaje y gestiones para el proyecto de Guardianes de Joya.

También me he concentrado en conseguir no pensar en los 6 aviones, los mosquitos con dengue (aunque ya con mi viaje a la India quedé bastante bien inmunizada de todo y no he tenido que vacunarme de nada), los terremotos, los volcanes, las maras, etc… Muchos me tienen por miedosa pero yo pienso que soy realmente valiente por enfrentarme a todos esos peligros que veo y no dejar que el miedo me obstaculice.

Nerviosa, aunque ilusionada y expectante, comienza a moverse el tren y ya no hay vuelta atrás….

“Dicen que la distancia es el olvido…” (a un día de cruzar el charco)

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Después de 6 años… sólo un día…y se me está haciendo eterno.

Muchas cosas que preparar: maletas, regalos, documentación personal, material del proyecto… y nervios, muchos nervios.

Las sensaciones son extrañas. Tanto tiempo sin ir, tanto tiempo sin ver a mis amigos, unos amigos que durante todo este tiempo han estado a más de 8000 km de distancia, quitando las visitas de mis amigas Ninel y Rocío, o la visita a Murcia para ver a Pablo e Iris. Pero hace mucho tiempo que no voy, y mucha distancia. Dice la canción que la distancia es el olvido, pero jamás me olvidé de ellos, y tenerlos delante mía dentro de tan poco tiempo, me pone nervioso. Muero de ganas por verlos, pero ¿será igual? Dentro de mi sabe que será igual. Es más, con algunos amigos será incluso mejor, porque aun en la distancia, nos hemos conocido más. Pero siempre tienes ese pellizco en el estómago.

Cruzo el charco con la persona que quiero. Y eso me pone nervioso y feliz. Son tantas expectativas que no quiero defraudarla, ni que el destino la defraude. Sé que estará bien porque la harán sentir como en su casa, y la querrán y cuidarán como si la conocieran de toda la vida, porque mis amigos son así, el salvadoreño es así. Quiero mostrarle mi segundo país. Que vea el porqué amo esa tierra, que hay mucho más allá de la violencia… Pero eso no quita también ese pellizco en el estómago.

Cruzo el charco en busca de un sueño. Un sueño que comenzó hace mucho, justo el día en el que me hicieron la foto de aquí abajo, en el Parque Arqueológico de San Andrés. Ahí vi que había que hacer algo, y tras muchos años, se cumple la profecía maya que mi anterior jefe en FUNDAR me soltó antes de irme hace seis años…

“Volverás pero con un proyecto bajo el brazo”

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En San Andrés comenzó todo…

Cruzo el charco para luchar por un sueño, para defender una idea, para seguir descubriéndome y abrir puertas.

Cruzo el charco porque necesito recargarme de energía, de esa energía que alimenta mi alma cada vez que voy allí y me encuentro con mi “familia”.

Mañana partimos para Madrid, y el viernes a primera hora, empieza la verdadera aventura. Carmen y Alejandro, juntos, tocaremos suelo salvadoreño a las 5 de la mañana, hora española, del sábado 2, diez de la noche hora salvadoreña. Nos recibirá una bofetada de humedad, pero también estará ahí mi hermano pequeño salvadoreño, y entonces, olvidaré todas las horas de vuelo, todo tendrá sentido, seré feliz y podré decirle a Carmen…

“Cariño, bienvenida a casa…”

A quince días de cumplir sueños…

 

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El cuasi arqueólogo vuelve a la carga, sé que lo de cuasi va para sempiterno pero soy cabezón y más pronto que tarde borraré eso, pero no quiero enrollarme más de la cuenta. La cuestión es que este blog comienza a actualizarse, y durante un mes será así, como en los viejos tiempos. La razón es fácil, volvemos a El Salvador, en septiembre, seis años después…

Y preguntaréis el porqué de esta vuelta. Pues es muy sencillo o no, según se mire. Cierto que forma parte de las vacaciones, pero no todo es oro lo que reluce, o sí… Alguien muy especial para mi me dijo hace menos de un año que para estar parado, sin hacer nada, porqué no me planteaba montar algo o realizar algún sueño que tuviera pendiente. Deseché la primera opción (no se me ocurría nada) y me centré en la segunda. A partir de ahí tiré de hemeroteca mental y recordé la frase de otra persona especial para mi, salvadoreña, que me dijo algo el día que abandoné El Salvador por última vez: “la próxima vez que vuelvas, lo harás con un proyecto tuyo”.

Recapitulemos. Ya llevaba una decisión tomada, una frase para recordar y me quedaba el proyecto. Lo tenía claro, esa loca idea era retomar el proyecto educativo en tierras centroamericanas. Si a todo esto le sumamos el descubrimiento de una arqueóloga salvadoreña, de ideas alocadas como yo, de todo eso surgirá la idea de los “Guardianes de Joya”.

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¿Qué son los Guardianes de Joya? Pues bien, es un proyecto educativo que estamos montando entre Michelle Toledo, arqueóloga salvadoreña y servidor, y cuyo objetivo es la dinamización infantil del Parque Arqueológico Joya de Cerén, en San Juan Opico (El Salvador).

Temazcal (sauna) al fondo

Joya de Cerén

Por suerte, contamos con el apoyo de la Embajada de El Salvador en España, quienes están poniendo todo de su parte para que nos reciban instituciones en suelo salvadoreño, después de acudir hace varias semanas a la capital y percibir su entusiasmo ante la exposición de nuestra idea.

Y todo esto para contaros que en 15 días vuelvo a ese pequeño país que tanto me dio y marcó, de donde vine siendo mejor persona, y donde dejé no amigos, sino familia. Y los nervios cada vez son mayores a medida de que se acerca la fecha. Lo mejor de todo es que esta vez hay un elemento diferente en toda esta historia. No voy solo. Voy acompañada de Carmen, mi chica. Otra loca genial que quiere compartir esta experiencia vital conmigo, no sólo viniendo sino también participando y colaborando en el proyecto, como arquitecta e interiorista que es. Mil gracias cariño!

29 días en tierras guanacas para disfrutar de la familia y pelear por un sueño que llevaba en mi cabeza mucho tiempo. Quizás el Doctor tenga razón, y esta vez sí que sí, sea verdad.

Así que a partir de ahora, sobre todo en septiembre, este blog comenzará a actualizarse para que estéis al tanto ya no de mis aventuras, sino de nuestras aventuras y desventuras en El Salvador…

 

 

Si Mahoma no va a la montaña…

Después de cuatro años, vuelvo a escribir en este blog, y no porque haya viajado de nuevo a tierras salvadoreñas, algo que por desgracia veo difícil que ocurra de nuevo, sino porque El Salvador vendrá a mi.

Bueno, por lo menos, un trocito, un pedacito, una chera salvadoreña. Una amiga.

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Mi familia salvadoreña, la última vez que estuvimos juntos (y faltan más!)

Los que habéis leido mi blog, ya sabréis que durante los cuatro años seguidos que visité aquella pequeña tierra para participar en el Proyecto Cihuatán no conocí amigos, conformé una familia. Personas que con sus actos, su trato, se convierten en más que amigos.

Rocío es una de ellas. Fue de las primeras personas que conocí y gracias a ella, pude conocer a muchos más salvadoreños que han llenado mi vida de alegría y felicidad. Y encima, me trae pedacitos de El Salvador de parte de algunos amigos como Karla o Mario…(mil gracias aunque no teníais que haberos molestado).

Rocío y servidor

Rocío y servidor

De todos es conocido, que la decisión de ir “a lo loco” a El Salvador (siempre te estaré agradecido Vero por tu apoyo y consejo) fue lo mejor que he hecho en mi vida, ya que me cambió como persona y me hizo ver qué podía dedicarme a una profesión, la Arqueología, de la desgraciadamente me estoy alejando por los sinsabores de la vida.

Pues bien, Rocío, arqueóloga interesada en la antropología física, llega este miércoles a Sevilla. Participará en el XIII Congreso Nacional de Paleopatología que se celebrará en Écija del 1 al 4 de octubre, y donde yo participo como parte del staff organizador.

Hace 4 años que no veo a ninguno de mis amigos-herman@s salvadoreños. Ella será la primera, y la recibiré con los brazos abiertos en mi tierra, al igual que ellos hicieron en su país, abriéndome la puerta de sus vidas, y haciéndome ver que ese pequeño país centroamericano es muuuuucho más que lo que se vende en los diarios de todo el mundo. Sin obviar la cruda realidad salvadoreña.

Espero mostrarle la cara amable de mi tierra, que conozca a parte de mi gente, y hacerla sentir como en casa. Ellos lo consiguieron. Espero no fallarle…